Ahora puedo encontrarte. Somos uno. La pertenencia.
La evolución del crecimiento humano, tal vez sea, la reconciliación de nuestro paso por esta vida con nuestra propia realidad de pertenencia, unas veces con dolor y otras con amor benevolente.
El darnos cuenta o seguir dormidos. Si estamos dormidos repetiremos cuantas veces sea necesaria la misma experiencia.
Unas veces tenemos la oportunidad de reflexionar y trabajar interna y profundamente y salir airosos de la experiencia vivida para pasar a nuevas vivencias.
Es alentador cuando podemos salir de algunas cruzadas difíciles en nuestra vida y aprender de ellas para no repetirlas.
En la posición de adultos, como nos enseñan el análisis transaccional y las constelaciones familiares, podemos ver y comprender lo que necesitamos activar para salir de los viejos conceptos, creencias y mandatos, soltando esos patrones para no repetir la historia y poder avanzar en lo que a cada uno nos toca como misión de vida.
Solo el adulto sale de esta batalla de lo viejo por lo nuevo.
Agradeciendo y respetando lo viejo que nos trajo hasta aquí y encontrando la paz en nuestro lugar, desde la responsabilidad con lo nuevo.
Y lo nuevo se presenta como un desafío de lo viejo, eso viejo que tanto apreciamos y que es un desafío de lo nuevo.
Tal vez sea un encuentro con nuestro yo existencial hasta el punto de dejarnos solos y ahí está nuestra rendición. Algo nos diferencia y nos iguala, aceptarlo y ponernos al servicio de la evolución es nuestra tarea. Esto puede parecer difícil para nuestra concepción anterior de la pertenencia. La pertenencia por la supervivencia. Queremos pertenecer a algo viejo y ese algo viejo, nos distrae en el crecimiento de otra verdad y entonces nos quedamos solos.
La pertenencia es fuerte, grandiosa y misteriosa. Una gran fuerza nos llena y a la vez nos quedamos solos y unidos en otra dimensión.
La nueva verdad aparece y es irrefutable si pretendo ir al son de la vida.
La pertenencia tiene un estado de capricho, a veces duele tener que cambiar y asusta que ya no pueda pertenecer a lo conocido desde el mismo lugar donde nos encontramos.
En la pertenencia arcaica solo lo que nos iguala tiene sentido, el bien y el mal que conocemos está a la orden del grupo que la ejerce. Solo una verdad es la conveniente y la única. El que se aparta encontrando otra verdad, queda fuera.
Es el exilio del diferente. Ya no tiene espacio y se excluye o lo excluyen. Así se presenta en nuestro conocimiento como “lo bueno y lo malo”, lo nuestro conocido, impenetrable a la diferencia respetable.

Los sistemas en lo profundo, en otro espacio de entendimiento no funcionan así. Los sistemas en lo profundo se respetan y se aceptan en una inclusión de verdades plurales, al servicio de la evolución.
Todos tenemos el mismo derecho a pertenecer. Todos somos uno y aquí nos encontramos; en la diferencia, aun así pertenecemos.
Ahí respiramos nuevamente en la pertenencia de lo viejo acompañados a lo nuevo.
Encontremos un buen lugar donde nos podamos encontrar y reunir a través del amor incondicional, en nuestro corazón, él nos brinda la oportunidad de vincularnos desde la aceptación a todos tal y como son. En nuestro corazón encontraremos la pertenencia a todo como es, a todos tal y como son y a una fuerza mayor que todo lo contiene.

la aceptación a todos tal y como son…!!………. es uno de de los mayores deseos que me vienen resonando . GRACIAS
ana maria varona