Aprender a cuidarnos con conciencia
Uno de los desafíos que nos plantea la vida es aprender a cuidarnos. Pareciera que siempre estamos esperando que nos cuide mamá o papá o los mayores para toda la vida. En ocasiones ese movimiento interno de búsqueda de los progenitores, los reemplazamos con nuestra pareja lo cual nos acarrea grandes desajustes de convivencia adulta.
Olvidándonos que a cierta edad ya es hora de que nos aprendamos a cuidar solitos.
Nuestra madre y nuestro padre biológico, así como nuestros padres de crianza y nuestros mayores, nos cuidaron desde nuestra concepción hasta que tenemos conciencia del cuidado propio. Ver la realidad que desde ahora nos toca a nosotros, tanto en nuestros cuidados, como en dar lo recibido, a veces puede ser un momento de grandes aprendizajes, siempre que nos situemos en la realidad del camino del adulto.
En este nuevo tiempo en donde la información es abundante en todos los sentidos, podemos encontrar un sinfín de terapias de autocuidados.
A mi entender actual el primer cuidado que nos podemos ofrecer a nosotros mismos es “actualizar lo aprendido” no quedarnos en la repetición histórica. Lo cual nos llevará a tomar las riendas de nuestras decisiones y también asumir las consecuencias.
Desde muy pequeños nos aliamos al clan donde nos tocó nacer a través del amor ciego (termino que aplica Bert Hellinger para denominar el amor que nos liga a la familia a través de la alianza que establecemos por nuestra necesidad y fidelidad a la pertenencia a nuestro sistema) Sin percatarnos que ese gran amor que sentimos cuando somos niños, es un amor arcaico desde nuestra propia necesidad y la del sistema familiar por sobrevivir. De manera que cuando nos ponemos a la tarea de crecer con conciencia, muchos patrones aprendidos los vamos dejando en el pasado y comenzamos a restablecer aquellos valores y aprendizajes de manera que sean útiles a las necesidades de nuestro presente y al servicio de las nuevas generaciones. Para ello un gran paso es revisar nuestras alianzas infantiles. Donde nos quedamos atrapados en el amor originario y no estamos haciendo espacio para el amor libre de ataduras, por manipulación o necesidades de supervivencia. Ahora el presente nos invita a aprender a mirarnos y elaborar nuevas percepciones de aquello que vivimos. El movimiento de evolución nos demanda sanar esa manera de vincularnos con los nuestros y abrirnos y vincularnos desde el amor a todo tal y como es. Sin los lentes del ego necesitado de reconocimiento.
Cuando iniciamos el camino de trabajar con nuestros estados niños (mirada desde el Análisis transaccional de Eric Berne), nos vamos a encontrar con nuestro niño herido, sumiso, rebelde, reprimido, obediente, olvidado por nosotros mismos. El AT, nos dice que convivimos toda nuestra vida internamente con tres estados: El Adulto, El estado niño emocional y el Estado padre o estado de la fidelidad del niño que aprendió de los mayores.Estos estados como aspectos internos de nuestra vida nos acompañan a vivir de manera desordenada y desajustada para la comunicación con el mundo exterior en tanto y en cuanto no eduquemos nuestros aprendizajes desde niños, tanto de las emociones desbordadas o reprimidas que se desarrollan por amor al clan, como nuestros aprendizajes de patrones de conductas adoptadas de los grandes (Intrincaciones y/o Fidelidades en términos de la filosofía de Bert Hellinger).Esa conexión, ese vínculo con nuestro niño interior nos brindará la información necesaria para comenzar los cambios que estamos necesitando y que el mundo necesita de nosotros mismos.Podemos apreciar conductas en adultos de todas las edades, profesiones y lugares del mundo que son verdaderas acciones infantiles, no resueltas. Podemos encontrar sociedades en donde sus ciudadanos y sus gobiernos son como niños necesitados, que no terminan de madurar la idea de que ya es hora de crecer y avanzar como adultos.
Haciendo una reducción, ya que es muy amplio este tema, y este artículo pretende hacer solo una reflexión, veremos algunas conductas que podemos encontramos en los adultos que nos delatan un niño escondido sin querer o poder crecer:
- Todo el tiempo están haciendo juicio valorativo hacia los demás y hacia ellos mismos.
- Culpabilizar a los demás de las consecuencias de sus actos.
- No asumir la responsabilidad y las consecuencias de sus acciones.
- No hacerse cargo de nada o no decidir nada.
Estas y otras actitudes las vemos a diario en nosotros mismos o en los demás. Te invito a encontrarte con tu adulto a través del reencuentro con tu niño interior.
