La realidad ¿o no?
Hace más de treinta años que un profesor de la Facultad de Derecho nos despertó la duda sobre la realidad que nos muestran y lo que de verdad ocurre, si es que podemos llegar a saberlo. Siempre me ha rondado la idea de que lo que se nos presenta como cierto, pueda serlo o no. Esto me ha llevado a cuestionarme prácticamente todo, a no aceptar, sin más, las cosas.
Hace poco la lectura de Noam Chomsky vino a confirmar lo que sospechaba. Se nos presenta un mundo donde creemos disfrutar de libertad, sin ver que las posibilidades de opinar y disentir de lo que otros nos dicen, la posibilidad de oponernos a lo que el poder nos propone, también está medida y controlada. Esto me recuerda a la canción de Víctor Manuel “el perro, piensa que es libre porque anda suelto, mientras arrastra la soga al cuello”.
El campo donde nos movemos está definido previamente por otros, de manera que las posibilidades de desacuerdo, de oposición, incluso aunque esta sea vehemente, está decidido de antemano. El control es muy sutil y lo hace imperceptible a la mayoría de la gente.
La forma inteligente de mantener pasivas a las personas y obedientes es limitar estrictamente el espectro de la opinión aceptable, pero permitir un airado debate dentro de este espectro -incluso fomentando puntos de vista críticos y disidentes [dentro de este límite]-. Esto les da a las personas la sensación de que hay un libre pensamiento aconteciendo, pese a que todo el tiempo las presuposiciones del sistema están siendo reforzadas por los límites impuestos en el espectro del debate. Noam Chomsky
La manipulación, entendida como aquella acción encaminada a obtener de otros un determinado comportamiento, se puede comprobar en el modo en que los medios de comunicación, así como las opiniones de personas de alguna reputación o credibilidad, pueden esculpir nuestra manera de pensar y de opinar sin ser conscientes de ello. Para Platón la mentira es aquello que a los ojos de la gente parece evidente. Si tiene apariencia de verdadero nadie lo cuestiona y la mentira persiste. Asistimos a una inundación de información en los medios de comunicación y pensamos que esta cantidad de datos nos hace libres, pues podemos contrastar, sopesar, valorar dicha información y decidir en consecuencia. Sin embargo no es la cantidad o variedad lo verdaderamente importante. Toda esta cantidad de información está dentro de los márgenes tolerables para el sistema y lo que de verdad pueda ser de interés, se pierde en un mar de informaciones intranscendentes.

Hay, en mi opinión, una voluntad de mantenernos ignorantes, o con poca información, o con una gran cantidad de ella, pero carente de relevancia, o con una información sesgada que es tan nociva como la mentira entes mencionada.
Nuestras experiencias, nuestro pasado condicionan nuestra manera de ver el mundo, nuestros paradigmas básicos y nuestra manera de vivir el presente. Llegar a la verdad, a veces, puede ser un camino duro, gravoso y molesto ya que supone dejar atrás, en algunos casos, esos paradigmas básicos y creencias que nos han acompañado hasta ahora y sobre las que hemos basado todo nuestro mundo. Esto supone comprobar como aquellas creencias más arraigadas en nosotros tiemblan y esto nos produce incertidumbre ante lo nuevo y ansiedad. En muchas ocasiones es la gente la que quiere desconocer voluntariamente la realidad que le circunda. Bien sea por comodidad, por no complicarse la existencia, por desidia, el caso es que, con frecuencia, la gente se desentiende de los asuntos que requieren un esfuerzo por su parte, dejando que sean otros los que piensen y, por lo tanto, decidan sobre sus vidas.
En la película Matrix comprobamos cómo podemos decidir sobre nuestro futuro. Podemos mantenernos ignorantes en el mundo que nos quieren presentar como el mejor posible y el que más nos conviene o podemos elegir la píldora verde y enfrentarnos a la realidad, aunque esta pueda ser dolorosa, y vivir la aventura de tomar las riendas de nuestra vida y, con adultez, tomar las decisiones que, de manera razonada, estimemos más convenientes. Parece evidente que la opinión de la gente está manipulada, que la democracia, pese a ser el mejor sistema que conocemos para convivir los seres humanos, tiene sus debilidades.

Si los ciudadanos carecen de espíritu crítico ¿Cómo van a poder elegir a quien les representa por motivos razonados? Asistimos, cada vez que hay elecciones, al circo donde el marketing tiene más fuerza que el programa o que la capacidad de quien se presenta para dirigirnos. Donde el color de la corbata, o como el candidato se viste o la manera de mover las manos y gesticular puede inclinar la balanza. Vemos como candidatos, con escasos recursos políticos, o con dudas sobre su credibilidad y honradez, o con ideas trasnochadas y alejadas de lo posible, se postulan como nuestros dirigentes y una legión de seguidores, sin una justificación más o menos razonada, sin un pensamiento reflexivo, les aplauden y jalean, a veces, de manera fanática y totalitaria. Parece como si la gente no estuviera preparada para pensar. La opinión pública es, según José Luis Sanpedro, una opinión mediática, donde son los medios de comunicación y los dueños de estos, que son el poder económico, los que manipulan e influyen para que las cosa marchen en la dirección que más les conviene. El poder controla la educación y controla los medios. A todo este panorama gris y pesimista se le puede dar la vuelta. Es difícil, ya que las resistencias son enormes, pero solo, en mi opinión, la educación de la gente, el formar ciudadanos preparados y con capacidad de pensar de manera autónoma y con espíritu crítico puede sacar a la sociedad del adormecimiento. Fomentar la capacidad de razonar y de tomar decisiones adultas posibilitará un mundo más equilibrado y justo. Tomar la responsabilidad individual de inspirar a los que nos rodean y tratar, al menos en el entorno de cada uno, de aportar nuestro granito de arena para que la sociedad en la que vivimos camine de lo individual a lo colectivo, de un mundo individualizado a un mundo más solidario donde el bien común sea el más común de los bienes. No queda otra que tomar conciencia y evolucionar.

Me parece muy acertado este artículo. Hay que estar atento para distinguir la realidad de la realidad que nos quieren imponer